viernes, marzo 27, 2026

La voz de los hispanos en el sur de Nevada

LAS VEGAS NEVADA | MARZO 2026 | VOLUMEN 1 | NÚMERO 48

InicioEntretenimientoEl Rincon de las EstrellasEl día que la música se volvió abrazo

El día que la música se volvió abrazo

Hay artistas que se escuchan… y hay artistas que se sienten

De esos artistas que no solo cantan, sino que acompañan la vida de millones de personas sin pedir permiso. Por eso, reconocer a un artista no es un acto protocolario ni una simple entrega de premios; es una forma de agradecerle por haberse convertido en parte de nuestra historia. Es decirle, frente al mundo: tu voz dejó huella.

A lo largo de mi camino he tenido el privilegio de galardonar a grandes figuras del espectáculo internacional. Sin embargo, hay encuentros que no se quedan en la memoria… se quedan en el corazón. Uno de esos momentos lo he vivido con un artista que ha hecho de la emoción su lenguaje: Marco Antonio Solís, nuestro querido “Buki”.

Hablar de él es hablar de sensibilidad, de poesía convertida en canción, de letras que parecen escritas para cada historia personal. Su música no solo ha cruzado fronteras; ha cruzado generaciones, convirtiéndose en un puente entre el pasado y el presente.

Recuerdo claramente la primera vez que tuve la oportunidad de homenajearlo en Las Vegas, en el Planet Hollywood. El teatro estaba completamente lleno. Cada asiento ocupado, cada mirada puesta en el escenario, cada corazón latiendo al ritmo de sus canciones. En medio del concierto, la música se detuvo por un instante… y entonces ocurrió algo que todavía hoy me estremece.

Marco me invitó a subir al escenario

Acompañado de nuestro comité, caminamos entre luces y aplausos para entregarle el Galardón Diamante y otros reconocimientos oficiales. Frente a su público, ese mismo público que ha crecido con su música, Marco recibió el homenaje con una humildad que solo tienen los verdaderos grandes. Sus ojos se llenaron de emoción, y por un momento el artista se convirtió en un hombre agradecido.

Ese instante me recordó algo que alguna vez me dijo Juan Gabriel: “Pablito, qué lindo tu detalle”. Y entendí, una vez más, que reconocer a un artista es también permitirle sentir el cariño de la gente de una manera distinta.

Pero la historia no termina ahí

Tiempo después, en San Diego, volvimos a coincidir en otro escenario. Y más adelante, en Puebla, México, viví uno de los momentos más significativos de mi trayectoria. En pleno concierto, Marco detuvo su presentación y, frente a miles de personas, dijo: “Quiero invitar al escenario a Pablo Antonio Castro Zavala, que ha viajado desde Las Vegas para estar con nosotros”.

Subí con el corazón acelerado. En medio de esa energía indescriptible, le entregamos la Presea Máximo Orgullo Hispano. La ovación fue inmediata. La conexión con el público, profunda. Fue una de esas noches que no se olvidan, porque no solo se vive un evento… se vive una emoción colectiva.

A lo largo de los años, nuestra labor nos ha llevado a reconocer artistas en distintas partes del mundo: Madrid, Barcelona, Dubái, México y, por supuesto, Las Vegas. Pero cada vez que coincido con Marco Antonio Solís, confirmo algo que va más allá de los escenarios: su grandeza no está únicamente en su talento, sino en su esencia. Es un artista que canta con el pueblo, no para el pueblo. Y eso marca la diferencia.

Hoy, al recordar estos momentos, solo puedo sentir gratitud. Gratitud por la música, por las experiencias compartidas y por haber sido testigo de la historia viva de un artista que sigue tocando almas con cada nota. Gracias, querido Buki, por tu voz, por tu humildad y por ese corazón que canta por todos.

Nos vemos en una próxima edición de El Rincón de las Estrellas, donde otra historia nos recordará que el verdadero arte nunca deja de sentirse.



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