Es el que tiene algo que ofrecer
Hay un refrán que, aunque suena simple, encierra una verdad profunda: al árbol que da fruto es al que le tiran piedras. No es poesía, es observación. Cuando alguien camina por el campo y quiere alcanzar un fruto, no se detiene frente a un árbol seco. Busca el que está cargado, el que tiene algo que ofrecer. Y entonces, lanza piedras. Curioso, ¿no?
En la vida pasa exactamente lo mismo. Quien no produce, pasa desapercibido. Pero quien se atreve a hacer, a construir, a avanzar… inevitablemente será señalado. Las críticas, los comentarios, las opiniones no solicitadas empiezan a aparecer como si fueran parte del precio por dar resultados. Y aquí es donde muchos se equivocan.
Creen que las piedras son señal de que algo está mal, cuando en realidad, muchas veces, son evidencia de que hay fruto. No todas las críticas tienen fundamento. Algunas nacen del desconocimiento. Otras, de la comparación. Y algunas, seamos honestos, de la incomodidad que genera ver a alguien avanzar mientras otros permanecen quietos. Creo que a eso le llaman envidia.
Entonces, ¿qué hacer?
Si eres un árbol con fruto, entiende esto: las piedras van a llegar. No puedes controlar eso.
Pero sí puedes decidir qué haces con tu energía. No regales tu paz tratando de responder a todo el que lanza una piedra. No detengas tu crecimiento por opiniones que no construyen.
Enfócate en seguir dando fruto. Eso es lo que realmente habla por ti.
Hay quienes dejan de brillar para evitar encandilar a los demás. Hay quienes dejan de alcanzar sus sueños, porque sienten que al hacerlo van a lastimar a quienes están a su alrededor. La verdad es que, si alguien te aprecia, se va a alegrar contigo en tus conquistas. Si no es así, tal vez debas observar con más cuidado.
Ahora bien, si sientes que aún no estás dando resultados, no te frustres. No todos los árboles florecen al mismo tiempo. Dedícate a crecer. A cuidar lo que consumes, lo que piensas, lo que haces. Porque los frutos no se improvisan. Son consecuencia.
Y hay una reflexión incómoda, pero necesaria: si eres tú quien lanza piedras, cuidado. Porque las piedras no construyen, golpean. Y muchas veces, terminan regresando. No puedes sembrar crítica destructiva y esperar cosechar reconocimiento.
Al final, hay una verdad que no cambia: por sus frutos los conocerán. No por lo que dicen, no por lo que prometen, no por lo que aparentan. Por lo que hacen. Por los resultados que dejan en el camino.
Así que la próxima vez que veas un árbol cargado de fruto, en lugar de buscar piedras, tal vez deberías preguntarte qué necesitas para empezar a florecer tú también.

