viernes, mayo 1, 2026

La voz de los hispanos en el sur de Nevada

LAS VEGAS NEVADA | MAYO 2026 | VOLUMEN 2 | NÚMERO 1

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Entre el diamente y la libertad:

Un encuentro con Liván Hernández

Sentarse frente a una leyenda viva del béisbol no es cosa de todos los días, y hacerlo con Liván Hernández Carrera es, además, una lección de historia y cubanía.

En esta edición de Recta al Pecho, tuvimos el privilegio de conversar con el MVP (Jugador Más Valioso) de la Serie Mundial de 1997, quien, con la misma franqueza con la que lanzaba su curva, nos abrió el corazón sobre su pasado, su familia y esa decisión que le cambió la vida para siempre.

El Grito de Libertad: “I Love You Miami”

Han pasado casi 30 años, tres décadas, desde que Liván inmortalizara aquella frase tras ganar el anillo con los Marlins. “La historia es lo único que no cambia”, me decía con nostalgia, pero con orgullo.

Para Liván, Miami no es solo una ciudad; es el refugio donde dejó de ser un joven que recolectaba asientos de bicicleta en viajes internacionales para sobrevivir, para convertirse en un símbolo de éxito.

Se define, sin titubeos, como “un americano atrapado en el cuerpo de un cubano”, alguien que desde la Isla ya soñaba con las luces de la Gran Carpa mientras escuchaba canciones del cantautor Willy Chirino a escondidas.

La Sombra del “Duque” y la Traición en la Isla

Uno de los momentos más tensos de nuestra charla fue recordar la persecución que sufrió su hermano, Orlando “El Duque” Hernández, tras la salida de Liván. Hablamos de aquel juicio donde figuras que ambos consideraban amigos terminaron dándole la espalda al “Duque” por orden del gobierno.

“A mi hermano le hicieron un favor al prohibirle jugar, porque terminó metiéndoles cuatro anillos de campeón de la Serie Mundial por la cabeza”, sentenció Liván con una sonrisa triunfal. A pesar de los 10 años de diferencia y de haber crecido en lugares distintos, el vínculo entre ellos es inquebrantable.

El Clásico Mundial y el Trago Amargo

No pudimos evitar tocar el tema del equipo Cuba y el trato a los peloteros del exilio. Liván recordó con amargura como, en un Clásico Mundial, los jugadores de la Isla le dieron la espalda por miedo o adoctrinamiento.

“Me dio pena con ellos; en el otro lado había un billón de dólares en contratos y me saludaban con respeto, mientras ellos me negaban la mirada”, reflexionó. Para él, la designación de figuras como Germán Mesa al frente del equipo nacional no es más que una decisión política de un sistema que no olvida ni perdona.

Un presente de disciplina

Hoy, lejos de los grandes estadios pero más cerca que nunca del juego, Liván intenta inculcar a los jóvenes la disciplina que aprendió de mentores de sobrada experiencia como Dusty Baker.

“El problema no son los niños, son los padres que piensan que por pagar tienen derecho a que sus hijos jueguen sin esfuerzo”, nos comentó entre risas y verdades.

Liván Hernández no solo lanzó juegos completos, realizó más de 50 mil envíos en el mejor beisbol del mundo, ganó un ‘Silver Slugger’ como pitcher en el 2004; lanzó una vida de desafíos. Al despedirnos, me quedó clara una cosa: aquel joven que en 1995 decidió dejarlo todo en México para ser libre, lo volvería a hacer mil veces más. “No me arrepiento de nada”, concluyó.



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