domingo, septiembre 6, 2026

La voz de los hispanos en el sur de Nevada

LAS VEGAS NEVADA | AGOSTO 2026 | VOLUMEN 2 | NÚMERO 19

InicioEntretenimientoEl Rincon de las EstrellasJuan Gabriel: diez años de ausencia

Juan Gabriel: diez años de ausencia

Canciones que hicieron de sentimientos íntimos palabras para todos

El pasado 28 de agosto se cumplieron diez años de la partida de Juan Gabriel. Una década parece mucho tiempo, pero hay ausencias que no se miden por el calendario. Para millones, Alberto Aguilera Valadez vuelve cuando suena “Querida”, “Amor eterno”, “Así fue”, “El Noa Noa” o esas canciones que hicieron de sentimientos íntimos palabras para todos.

Yo no solo recuerdo al artista capaz de llenar escenarios. Recuerdo al amigo. Haber coincidido con él fue un regalo de Dios y un privilegio de mi vida. Durante dos décadas pude entregarle su estrella en Las Vegas, el Galardón Diamante, la Medalla Internacional al Mérito y otras distinciones que recibía con gratitud. Nunca hablaba de premios; los llamaba “cariños”. Esa palabra revelaba su manera de entender el éxito.

Juan Gabriel amaba Las Vegas

Vivió aquí durante años y conocía sus escenarios y su público. Sin embargo, mis recuerdos más valiosos ocurrieron lejos de los reflectores. En una visita a su casa de Cancún, llegué después de haber comido. Cuando se lo dije, protestó con esa mezcla de autoridad y humor que lo caracterizaba: “¿Cómo que ya comiste? Yo no cociné en vano”. Terminé sentado a su mesa, porque para Alberto recibir a alguien significaba hacerlo sentir en casa.

Durante esa misma visita apareció una de sus paletas de nanche. Me invitó a probarla y, cuando ya la estaba disfrutando, me dijo entre risas: “A ver, Pablito, regrésamela; solo te la presté un poquito”. En esos momentos no estaba frente al Divo de Juárez, sino ante un hombre juguetón, espontáneo y feliz de compartir algo sencillo.

También conocí su generosidad silenciosa. En cierta ocasión vio a una mujer mayor vendiendo dulces en la calle. Le preguntó cuánto costaba todo, pagó la cantidad completa y comenzó a marcharse. Cuando ella le recordó que debía llevarse la mercancía, respondió: “No, señora, se la regalo para que la vuelva a vender”. No buscó cámaras ni aplausos. Simplemente comprendió que podía aliviar, aunque fuera por un día, la carga de otra persona.

En el trabajo era exigente y cuidadoso

Antes de uno de los primeros homenajes que le organizamos en Las Vegas, nos hizo ensayar cada movimiento: por dónde entraríamos, dónde nos colocaríamos y hacia qué lugar miraríamos. Su espontaneidad estaba sostenida por una disciplina rigurosa. Esa búsqueda de la excelencia explica por qué sus canciones siguen vivas y tantos intérpretes las han llevado a nuevas generaciones.

Pero quizá su enseñanza más importante no tuvo música. Un día me dijo: “Pablo, en la vida hay que ser agradecidos con quienes nos ayudan a alcanzar una meta”. Él procuraba vivir de acuerdo con esa idea. Se interesaba por los demás, recomendaba artistas que merecían ser reconocidos y aceptó ser padrino de mi hijo Pablito, un gesto que mi familia conservará siempre.

A diez años de su partida, lo extraño como amigo, consejero y compadre. Su ausencia duele, pero agradezco haber conocido al ser humano detrás del nombre que hizo historia. Juan Gabriel no vive únicamente en sus discos. Vive en cada persona que encontró consuelo en una letra, en cada artista que recibió su apoyo y en quienes tuvimos la fortuna de recibir su cariño.

Hasta el cielo, querido Alberto:

Gracias por tu amistad, tus consejos y tu confianza. Mientras el mundo siga cantando tus canciones, nunca será un adiós definitivo.




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