Es imprescindible aprender para divertir a millones y provocar una sonrisa
Luiggi Jaramillo, ecuatoriano asentado en Las Vegas, ofrece sus impresiones del evento y de su extensa trayectoria dentro del circo, sus inicios… de lo que sin dudas es su pasión. El Congreso de Payasos constituye un orgullo para Las Vegas, en él se juntan hombres y mujeres deseosos de aprender, de superarse cada vez más para -con la mayor sencillez- ofrecer lo mejor de su arte. ¿Qué sería de la vida sin los payasos, su notable entrega, su alegría contagiosa? Bienvenido el Congreso y los que vendrán. Esta es su casa.
No lo duda ni un instante “si volviera a nacer quisiera fuera en un circo, dedicarme por entero a lo que ha sido mi vida por muchos años, esa es mi pasión”, resalta.
Jaramillo, ecuatoriano de pies a cabeza, insiste: “nací en un circo y mi papá me enseñó desde pequeño, yo era un niño y sabía de malabares, monociclo, acrobacia, trapecio, barras olímpicas, el alambre alto, aparte, por supuesto, de ir a diferentes lugares… así es la vida en el circo, destaca, hoy estamos aquí, mañana en otro lugar”.
Asentado en Las Vegas desde el 2005, con iun brillo especial en los ojos asegura que se ha presentado en ciudades de todo Estados Unidos, además formó parte del reconocido Ringling Brothers, además de presentarse en el Circo Circo Hotel y Casino.
La novena edición, cada año vamos por más
“Recientemente, dice, concluyó aquí la novena edición del Congreso de Payasos, es un evento que requiere mucho trabajo organizativo, tengo que ver con la transportación, el alojamiento, en esta oportunidad vinieron unos 40 payasos, incluidas las payasitas, vienen a compartir sus conocimientos, a aprender, aunque justo es decir que hemos tenido evento de este tipo con unos 80 payasos, es una actividad que efectuamos cada año”, comenta.
“Los congresos de payasos, no tengo dudas, son también motivo de orgullo para Las Vegas, es un placer ver a tantos colegas que vienen a aprender, a ofrecer actuaciones para los niños, sus familias, y eso es algo que dice mucho del trabajo que llevamos a cabo, lo hacemos con amor, la gente lo recibe, aplaude, se muestra agradecida, y eso nos compromete, nos esmeramos en ofrecer siempre lo mejor”.
Payasos… la alegría y las ganas de vivir, divertirse

A una pregunta relacionada con las exigencias que debe tener siempre en cuenta un payaso, jaramillo responde: “Es bien exigente, apunta, no puede perderse de vista que se actúa, muchas veces, para los más pequeños, pero puedo señalar que mientras esté vestido y maquillado de payaso, actuaré y me comportaré, siempre, dentro de los límites del buen gusto.
“Recordaré, en todo momento, agrega, que he sido aceptado como miembro del club de los payasos, estrictamente para ofrecer a los demás, y en particular a los niños, el entretenimiento limpio y divertido propio de los payasos. Recordaré que un buen payaso divierte a los demás riéndose de sí mismo, y no a expensas de los demás ni avergonzándolos”, subraya.
El entrevistado aprovecha para señalar que le gusta mucho trabajar para los niños “participo en muchas actividades, se acercan grupos comunitarios, y siempre es agradable divertir a los demás”, afirma.



