El sabor de un sueño que no se rindió
Hay sueños que esperan años antes de abrir sus puertas. Para Marlene Castro, peruana con dos décadas de vida en Las Vegas, ese momento llegó con Marlene’s Sweet, un acogedor restaurante donde los paninis, los postres y una atención cercana son protagonistas. Durante una entrevista con El Nuevo Mundo, la emprendedora habló de su cocina, su familia y la decisión de apostar por su propio negocio en tiempos difíciles.
Conocida cariñosamente como «la reina del panini», Marlene no es nueva en el mundo gastronómico. Hace unos ocho años tuvo otro negocio y más tarde trabajó en una escuela privada, donde fue chef y enseñó español a niños pequeños. También ha preparado aperitivos y postres para celebraciones. Cada experiencia, dice, fue acercándola a una idea que llevaba mucho tiempo en su corazón.
De la idea en su corazón a convertirla en realidad, exigió paciencia
Entre licencias, permisos y gastos, hubo días en los que pensó en renunciar. Pero encontró aliento en su esposo, sus hijos, su madre y sus hermanas, que viven en Perú. Su fe también fue decisiva. «Si no es ahora, ¿cuándo?», se preguntó antes de seguir adelante.
La respuesta de la comunidad durante la inauguración la conmovió. Llegaron amigos de años y personas que acababa de conocer, todos dispuestos a acompañarla. «No tengo palabras…», confesó al recordar los abrazos, las llamadas y los mensajes de apoyo. Para ella, ese cariño vale tanto como cualquier logro comercial.
En su menú aparecen paninis de carne asada, pastrami, pollo al pesto y una opción vegetariana que también puede prepararse con pan multigrano. Hay ensaladas, smoothies de frutas, bebidas verdes, alfajores peruanos y panes de plátano o arándanos. Entre sus propuestas figura el atole de quinua, una bebida caliente que recuerda los sabores de su tierra.
Marlene busca que cada visita sea algo más que una comida. Ofrece combinaciones para desayunar, almorzar o llevar al trabajo, y piensa incorporar en el futuro ceviche peruano y causa limeña. Su propósito es que quien entre encuentre un lugar tranquilo, con buena comida y trato amable. «Lo que uno lleva por dentro lo transmite», afirmó. Quizá esa frase explique el ambiente que sus visitantes describen como cálido y familiar. En Marlene’s Sweet, ubicado en 3544 Wynn Road, cerca de Chinatown, hay un sueño recién estrenado, una mujer decidida a cuidarlo todos los días y mucha ilusión.

