Donde las piedras parecen arder
A poco más de una hora de Las Vegas, existe un lugar donde el desierto cambia de color y las montañas parecen encenderse al atardecer. Entre areniscas rojas, cañones estrechos y paredes cubiertas de antiguos petroglifos se encuentra Valley of Fire State Park, uno de los paisajes naturales e históricos más impresionantes del sur de Nevada.
Su nombre, Valle del Fuego, no proviene de volcanes ni de incendios. Según Nevada State Parks, en la década de 1920, un funcionario de la AAA recorrió la zona al atardecer y observó cómo la luz hacía que las rocas parecieran envueltas en llamas. De aquella impresión habría nacido su nombre.
Un paisaje nacido hace millones de años

Mucho antes de que existieran carreteras, casinos o ciudades en esta región, enormes dunas dominaban el paisaje. Con el tiempo, aquella arena se convirtió en la espectacular arenisca Aztec que caracteriza al parque.
Estas formaciones datan del Jurásico y surgieron de arenas transportadas por el viento. Durante millones de años, el agua y el viento esculpieron arcos, paredes imponentes, corredores y figuras sorprendentes. Una de las más conocidas es Elephant Rock, que parece un elefante de piedra. También hay piedra caliza y madera petrificada, huellas de una historia geológica más antigua.
Valley of Fire protege hoy más de 40,000 acres de este paisaje. En sus paredes sobreviven petroglifos realizados hace miles de años. Nevada State Parks señala evidencias de presencia humana en el sur de Nevada desde hace unos 11,000 años. Entre quienes dejaron estas huellas figuran las culturas Basketmaker y los pueblos ancestrales Pueblo. Los paiutes del sur, conocidos como Nuwu, también son parte fundamental de la historia cultural de esta región.
El parque abrió al público el Domingo de Pascua de 1934 y obtuvo reconocimiento legal de la Legislatura de Nevada en 1935, convirtiéndose en el primer parque estatal oficialmente reconocido del estado.
Al amanecer predominan los tonos rosados y anaranjados
Al mediodía, las paredes adquieren una intensidad casi brillante. Sin embargo, es al caer la tarde cuando se comprende de verdad por qué lo llamaron Valle del Fuego.
Hoy atrae a quienes disfrutan de la naturaleza, la fotografía, el senderismo y las actividades al aire libre, como acampar. Más que un destino turístico, este parque conserva millones de años de historia geológica y miles de años de presencia humana en un mismo escenario. Basta observar sus montañas encendidas por el sol para comprender por qué este rincón del desierto es uno de los grandes tesoros naturales de Nevada.


