Cuando el idioma no se queda quieto
Nadie lo anuncia, sin embargo, ocurre todos los dias. El idioma cambia mientras lo usamos: cuando una palabra amplía su significado, cuando una axpresión antes informal se cuela en los titulares o cuando una forma considerada incorrecta empieza a sonar, cada vez más “normal”.
La Real Academia Española (RAE) actualiza sus normas en la medida en que las nuevas expresiones se popularizan. Algunos de estos cambios incluyen la eliminación de tildes en “solo” y demostrativos, incluso en casos de ambigüedad y el uso de “ye” (y), “be” (b) y “uve” (v), que antes eran i griega, be alta y ve bajita.
También es novedad aceptada que la conjunción “o” entre números ya no lleva tilde (ej. 6 o 7) y en palabras compuestas el primer elemento pierde la tilde si la tenía: decimosegundo (de décimo + segundo). La “Ch” y “Ll” dejan de considerarse letras del abecedario, tratándose ahora como dígrafos (grupos de dos letras).
Los extranjerismos
No escapan al ojo de la RAE, destaca la sustitución de “q” y se recomienda usar “c” o “k” para fonemas /k/, como en cuórum (en vez de quorum) o Catar (en vez de Qatar). Deben escribirse sin tilde si se adaptan (ej. beicon), y en cursiva si no se adaptan (ej. jazz).
Ya podemos unir los prefijos y la palabra base, (exmarido, vicepresidente), solo se separan si la base es pluriverbal (ex primer ministro) o una cifra (sub-21). Otras palabras compuestas, que antes se separaban, ahora se prefieren juntas, como arcoiris (mejor que arco iris), medianoche (mejor que media noche).
Asimismo, aunque al uso de mayúsculas y minúsculas podemos dedicarle un espacio aparte, adelantamos que, según las nuevas aceptaciones de la RAE, títulos y cargos se escriben con minúscula inicial (el rey, la reina, el papa).
Referente a la puntuación: Punto y seguido:
Se usa al final de una oración cuando la siguiente idea está relacionada. Punto y aparte: Separa párrafos con ideas diferentes. Estas normas, establecidas por la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), buscan una ortografía más uniforme y adaptada a la evolución del idioma. Así que la próxima vez que una palabra “nueva” le suene extraña o una tilde desaparezca, recuerde: no es un error, es el idioma ajustándose a su tiempo. Y la RAE, como siempre, llega después para dejar constancia. Porque la lengua cambia primero en la boca de sus hablantes y después en las páginas del diccionario.

