Dejo una huella indeleble en la literatura universal
Franz Kafka nació el 3 de julio de 1883 y falleció el 3 de junio de 1924. Es una de las figuras imprescindibles de la literatura universal. Escribió las novelas ‘El Proceso’, ‘El Castillo’, ‘El desaparecido’, numerosos relatos cortos, y la novela corta ‘La Metamorfosis’.
Las colecciones de cuentos ‘Contemplación’ (1912) y ‘Un médico rural’ (1919), algunas historias, como su novela corta ‘La Metamorfosis’, fueron publicadas en revistas literarias, pero recibieron escasa atención. Apenas una minoría de sus obras fueron publicadas en vida.
Los estudiosos de Kafka discuten sobre cómo interpretar al autor; algunos hablan de la posible influencia de alguna ideología política antiburocrática, de una religiosidad mística o de una reivindicación de su minoría etnocultural, mientras otros se fijan en el contenido psicológico de sus obras.
Escritores de la talla de Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez se encuentran entre los influenciados por la obra de Kafka.
El término kafkiano se usa en español para describir situaciones insólitas, por lo absurdas y angustiosas, como las que se encuentran en sus obras y tiene sus equivalentes en otros idiomas.
Ofrecemos algunas de sus frases más conocidas:
“La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía, sino Sancho Panza”.
“A partir de cierto punto no hay retorno”.
“Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros”.
“Cualquiera que conserve la capacidad de ver la belleza no envejecerá nunca”.
“No hay mayor libertad que tomar conciencia de uno mismo y aceptar lo que uno es, sin importar el cambio”.
“La autenticidad es la mejor versión de uno mismo”.
“La fuerza de la transformación se encuentra en la aceptación de uno mismo”.
“Queríamos emprender el camino de la vida, y hemos llegado a un cementerio”.
“Partimos hacia una tierra prometida, y todo lo que vemos es un desierto”.
“Hablamos de justicia, y todo lo que conocemos es terror y desesperación”.
“Cuando Gregor Samsa despertó una mañana de sueños agitados, se encontró transformado en su cama en un gigantesco insecto”.
“Era una herramienta del jefe, sin cerebro ni fortaleza”.
“¿Qué se le puede escribir a un hombre así, que evidentemente ha perdido el rumbo, un hombre del que se puede sentir pena, pero al que no se puede ayudar?”.
“¡Oh Dios! pensó, ¡qué trabajo agotador he elegido para mí mismo!”.

