Encamina sus pasos al Salón de la Fama
El espigado lanzador Aroldis Chapman permitió un sencillo con un out en la novena entrada antes de retirar por la vía del ponche a Coby Mayo y a Christian Encarnación-Strand, para incluirse en el selecto grupo de pitchers-relevistas de las Grandes Ligas en acumular 400 salvamentos desde que esta estadística se oficializó en 1969.
Chapman, de 38 años, con seis pies y cuatro pulgadas, logró su primer salvamento en 2011 con equipo Rojos de Cincinnati, luego, a fuerza de mucho trabajo y entrega, acumuló desde entonces 10 campañas con 30 o más juegos salvados, incluidas las 33 que lleva en la presente temporada.
Cerró el triunfo con un envío superior a las 100 millas por hora, de por sí significativo, más aún por su edad, para ratificar la magnífica forma deportiva en que se encuentra. No se debe perder de vista que suma mil 381 ponches, líder histórico del departamento para un relevista. Con estos números se encamina sin dudas al Salón de la Fama.
La coincidencia es generalizada, se trata de uno de los lanzadores más rápidos en la historia del beisbol.
Es cuestión de tiempo, cosas veremos
Chapman se une así a un exclusivo grupo de apenas nueve relevistas que han cruzado esa barrera desde que el juego salvado existe como estadística oficial de la MLB y más allá. De ese exclusivo club, cuatro lanzadores ya están entronizados en el Salón de la Fama de Cooperstown: Mariano Rivera (652), Trevor Hoffman (601), Lee Smith (478) y Billy Wagner (422).
La decena de lanzadores con más desafíos salvados la integran Rivera, Hoffman, Kenley Jansen (493), Smith, Craig Kimbrel (441), Francisco Rodríguez (437), John Franco (424), Wagner, Chapman y Dennis Eckersley (390).
Oriundo de Holguín, zona nororiental de Cuba, Chapman, quien siempre se caracterizó por la velocidad de sus envíos, abandonó la delegación cubana mientras tomaba parte en un torneo en la ciudad holandesa de Rotterdam en 2009 y fue firmado por los Cincinnati Reds, con quienes debutó en MLB en 2010. Desde entonces ha vestido las camisetas de los Yankees, Cubs, Royals y Pirates antes de llegar a Boston, donde registra una excelente temporada, está como el buen vino.
Todo tiene que ver en gran medida con lo esmerado de su preparación, fortalecer para evitar lesiones, cuidar ese brazo izquierdo como oro, dar lo mejor en cada salida.
Va rumbo a Cooperstown, por juegos salvados y ponches, ya tiene del lado acá gran parte del recorrido.


