Escritora Janina Pérez… libros y premios
Por la joven que tengo delante, quien responde al nombre de Janina Pérez, pueden hablar sus libros, sus numerosos premios, sus gatos, la entrega a la literatura, pero sobre todo su amabilidad y sencillez.
‘15 tontos para Melissa’, ‘Un ángel en el cuarto’, ‘Limón Azul’, ‘Oro salvaje’, ‘Lucas Sombrilla’, ‘El lobo de Alaska’, ‘El disfraz’, son sus primeros siete libros, a los que de seguro seguirán otros. Aparte de narradora, la entrevistada clasifica como una exquisita poetisa.
Entre el trabajo, contactar a la familia, atender la casa, a sus gatos Lucien y Olivia, cuesta entender de dónde saca tiempo para leer, escribir, revisar, volver a escribir, y salta a la vista que teclear, dar vida a los personajes, para ella es algo imprescindible, prioritario. Janina lo resume en pocas palabras:
“No concibo mi vida sin leer, escribir, hacerlo me es absolutamente necesario”, apunta sonriente.
La escritura, un talento que se edifica en la lectura temprana
Oriunda de la ciudad de Guantánamo, en el oriente cubano, en medio de la plática salen a relucir las horas que dedicaba a la lectura en la biblioteca central, a pocas cuadras de su casa.
“En mis visitas a la biblioteca, mis horas de lectura, los viajes, la imaginación, comenzó a ‘tejerse’ todo, a cobrar fuerza el romance con los libros, los autores, los personajes… desde ese momento mi vida ha estado ligada a los libros, a mi familia, a los gatos”, precisa.
Le comento que los libros, los poemas, los cuentos, las novelas, son como los hijos, salen de uno… ella apunta: “a cada uno de mis libros, los poemas, los quiero como si fueran parte de mí -de hecho lo son-, comienzo por volcarme a ellos, adentrarme en los personajes, me nutro de aquí y allá, dedico horas a la corrección, soy una especie de perfeccionista”, dice.
De los premios internacionales, conquistados en buena lid, en diferentes países, destaca: “no me quitan el sueño, los aprecio, sin embargo no me hacen perder el piso, apuesto por la humildad, la sencillez, eso para mí es de importancia capital, creerme algo por los libros, los reconocimientos, sería como traicionarme, dejar de ser yo misma, y eso es algo, una barrera que creo no puedo ni debo cruzar”.
Me brinda un vaso con jugo de naranja frío, lo agradezco, y adelanta: “otro día hablamos de mis próximos libros”, y vuelve a sonreír.

