Si de fotografía se trata… imágenes habitadas
El sobresaliente fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson entendía la fotografía como un acto en el que el ojo, la mente y el corazón debían encontrarse en una misma línea.
A esa manera de comprenderla, yo agregaría: –si una fotografía no se hace solo con los ojos-, tampoco debería mirarse únicamente con ellos.
Después de ver, tomar, apreciar tantas fotos, se puede asegurar que: Hay imágenes que necesitan ser escuchadas, habitadas, sentidas.
En lo personal, por muchos años he entendido la fotografía como una conversación con el territorio. No llego pensando solo en encuadres, luces o formas. Intento permanecer, escuchar, reconocer qué ocurre antes de levantar la cámara y enfocar.
Porque el territorio habla
Habla el agua, la piedra, el árbol, la cactácea. Habla el silencio de un espacio que hemos atravesado 100 veces sin detenernos. Tener la sensibilidad para reparar en ello, la capacidad de escuchar, entender, sin dudas aporta considerablemente.
Quizá el error sea creer que observamos la naturaleza desde afuera. Pero no estamos afuera. ¡Somos parte del territorio! Dicho de otra manera,
La misma materia que contemplamos nos contiene. Respiramos su aire, caminamos sobre su tierra, bebemos su agua. Unas pocas palabras para entenderlo: Somos parte de una conversación más antigua que nosotros.
De esa certeza nace mi manera de fotografiar y una pregunta: si para crear una imagen necesitamos algo más que los ojos, ¿por qué contemplarla solo con la vista?
Fotografía inmersiva
De ahí surge mi exploración de la fotografía inmersiva: una experiencia perceptiva que recupera aquello que permanece más allá del encuadre: la palabra, el sonido, los aromas, la imaginación, la memoria, la emoción y el silencio.
Recientemente llevé esta propuesta a Houston a partir de Sophistication, mi libro de Fine Art Photography en blanco y negro, una edición limitada, de lujo, con 53 imágenes, en una presentación en INPRINT, Cronopiando en Houston.
Para comenzar hice algo aparentemente absurdo en una experiencia fotográfica: “pedí al público que cerrara los ojos”.
Antes de mostrar una imagen, invité a todos a literalmente entrar en su territorio: escuchar, imaginar, oler, sentir. La fotografía llegó después. Comprendí entonces que quizá cerrar los ojos también sea otra manera de mirar.

