El acentuado apego a la cultura y las tradiciones
La sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura. Friedrich Nietzsche
El hombre que tengo delante es un ejemplo vivo de humildad, de amor a sus raíces y a la cultura, lo que aprendió de los suyos allá en el mexicano estado de Hidalgo.
“Vivo enamorado de la comunidad, aquí vivo por más de 20 años, dice Juan Rómulo, uno de los puntales de la Federación Hidalguense que lidera Isidro Maqueda, ver cómo hemos crecido, la calidad de los eventos que organizamos, me llena de orgullo”, afirma optimista.
“El evento relacionado con las Lenguas Maternas, el ‘Día de Muertos’, la visita de nuestros padres después de tantos años sin vernos, la actividad por la independencia de México cada septiembre, me motivan a dar lo mejor, a participar”, resalta con un brillo especial en sus ojos.
La sencillez por delante
“Desde que vine a Las Vegas, rememora, trabajo, primero para llevar el sustento a casa, mantener a la familia, y también por amor a la comunidad, al grupo de hidalguenses, ofrezco mi experiencia, escucho, intercambio con la gente para hacer las cosas cada vez mejor.
“No hago más que poner en práctica lo que aprendí de mis padres, señala con humildad, eso me reconforta, el ejemplo de ellos me sirve de mucho, los recuerdo siempre”, advierte.
Responde el saludo de varias personas que se le acercan, luego prosigue la plática para los lectores de este semanario.
“Trabajar para la comunidad, apunta, estrechar vínculos con los grupos comunitarios, el Consulado General de México, significan mucho para mí… todo lo que ha logrado la Federación Hidalguense me reporta satisfacción, sé que el trabajo de tantos años rinde frutos, y en eso desempeña un papel importante el ejemplo.
“Enseñar a los niños el dialecto que aprendimos de pequeños, que aprendan a cantar el himno en nuestra lengua, es hermoso, estoy convencido de que el futuro le pertenece a ellos y debemos enseñarles, transmitirles nuestros conocimientos, nuestras tradiciones, para que sigan vivas”, destaca entusiasmado.
“Ver a mi hijo portar la bandera, cuando la pone en manos de la cónsul mexicana, me aprieta el corazón, me llena de orgullo”, advierte, y sus ojos se humedecen.
Rómulo me ofrece un estrechón de manos, sus manos muestran las huellas del trabajo fuerte que signa su vida, con la humildad de los grandes, de esos que abogan por la unidad sin mirar a los lados.
Baja la voz y apunta: “Viva Hidalgo y viva Las Vegas”. Nos abrazamos.

