Un buen mentor no crea seguidores, despierta líderes
Está de moda usar el término de mentor de “algo”. Sin embargo, ser un buen mentor va más allá de transmitir conocimientos. En muchas organizaciones se utiliza la palabra mentor para describir a quien enseña una tarea, comparte su experiencia o aconseja desde una posición de mayor trayectoria.
La mentoría auténtica no crea dependencia, desarrolla autonomía. Un mentor no busca convertirse en la voz permanente de su mentee. Su labor consiste en ayudarlo a encontrar su propia voz, fortalecer su criterio y aprender a adoptar decisiones desde un nivel más elevado de consciencia.
La mentoría es una herramienta de desarrollo profesional. Es un proceso de transformación humana. Un buen mentor comprende que cada persona llega con una historia, paradigmas, creencias y manera particular de interpretar el mundo. Acompaña comportamientos visibles; observa lo que está detrás de ellos: pensamientos, emociones, miedos y fortalezas no descubiertas.
Hay una diferencia fundamental entre dirigir y mentorear. El líder tradicional se enfoca en resultados. El mentor consciente observa resultados, entiende que son consecuencia del nivel de consciencia, responsabilidad y capacidad de acción de la persona.
Uno de los mayores errores de quien comienza a mentorear es creer que debe demostrar cuánto sabe. Aconseja, explica en exceso y termina resolviendo aquello que el necesita aprender a resolver por sí mismo. El mentor consciente trabaja desde la curiosidad, no desde el ego. Hace preguntas que obligan a detenerse, observar y asumir responsabilidad.
Claves para ser un buen mentor
1. Desarrollar conciencia antes que competencias
Las competencias son importantes, pero no suficientes. Una persona puede aprender comunicación, liderazgo o productividad y actuar desde el miedo, el ego o la necesidad de aprobación. El mentor ayuda primero a mirar hacia adentro. Cuando uno comprende desde dónde actúa, lo hace de manera diferente.
2. Acompañar sin rescatar
El buen mentor no se convierte en salvador. No carga con la responsabilidad que le corresponde al mentee ni intenta evitarle toda dificultad. Acompañar es ofrecer perspectiva, compartir experiencia y sostener el proceso sin apropiarse de él. La persona debe asumir la responsabilidad de sus decisiones y compromisos. Un mentor nunca camina por otro.
3. Elegir el contenido correcto y desafiar la mente más allá de lo que él mismo espera
Una de las mayores responsabilidades del mentor consiste en identificar qué conocimientos, experiencias y desafíos necesita vivir el mentee para acelerar su crecimiento. Las personas no siempre saben lo que necesitan aprender.
La mentoría no se improvisa. Cada conversación, ejercicio, lectura o experiencia debe responder a una intención clara de desarrollo. Un mentor no enseña lo que el mentee quiere aprender; le ayuda a descubrir lo que necesita transformar para convertirse en la persona que quiere ser.
Para el líder, la invitación es sencilla: Pregúntate qué tipo de personas ayudas a formar. Y para quien aspira a convertirse en mentor, la pregunta es más profunda: ¿quieres que las personas te recuerden por las respuestas que diste o por la persona en que se convirtieron gracias a tu acompañamiento?
Un verdadero mentor no crea seguidores. Forma seres humanos capaces de liderar, desarrollar a otros y dejar un legado que trascienda mucho más allá de cualquier resultado.
* Jacques Giraud es ingeniero, especialista en desarrollo organizacional, master coach y mentor. Autor del libro “Super Resiliente”. www.jacquesgiraud.com

