‘Somos lo que comemos’
Los expertos apuntan: ‘somos lo que comemos’. Sin embargo, muchos ven la nutrición como una herramienta para el presente: perder peso o tener más energía.
La ciencia acaba de confirmar algo mucho más profundo y esperanzador. Nuestras elecciones en el supermercado y en la cocina son, literalmente, minutos y años que le ganamos al reloj. Independientemente de la herencia genética con la que hayamos nacido.
Para el profesor Fernando Rodríguez Artalejo, profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública en la facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, la clave reside en la sencillez de estos cambios.
Seguir una dieta óptima implica ‘comer bastantes frutas y vegetales, la preferencia por cereales integrales frente a los refinados, y consumir proteínas de origen vegetal, minimizando el consumo de bebidas azucaradas y otros productos ricos en azúcar y/o sal’.
La esperanza no tiene fecha de caducidad
Uno de los mensajes más poderosos es que el cuerpo humano es increíblemente agradecido. Aunque los 45 años parecen un punto de inflexión ideal, la mejora en la alimentación ofrece recompensas incluso en etapas avanzadas de la vejez.
Quiere decir que mejorar la dieta a los 80 años todavía puede prolongar la vida hasta dos años en hombres y un año en mujeres. Rodríguez Artalejo, afirma: ‘Nunca es tarde para mejorar la dieta, pues seguir una dieta óptima a los 80 años se asocia a una ganancia de hasta dos años de vida’.
Esto refuerza la idea de que, si bien no podemos cambiar nuestro ADN, sí tenemos el poder de decidir qué ponemos en nuestro plato cada día para asegurar una dieta saludable para longevidad y, sobre todo, una mejor calidad de vida en los años por venir.

