…O estás resolviendo todo por ellos
Queremos que nuestros hijos sean felices, aunque en ese intento de protegerlos de la frustración, el fracaso, muchos padres hacemos lo contrario de lo que necesitan: les quitamos la oportunidad de aprender a resolver.
¿Tu hijo se frustra y corres a solucionar el problema? ¿Olvida una tarea y tú la resuelves? ¿Tiene un conflicto con un amigo e intervienes? ¿No sabe hacer algo y prefieres hacerlo tú porque “es más rápido”?
Parece amor, una forma de ayudar. Cuando se convierte en un patrón, impide que los niños desarrollen autonomía, y capacidad para enfrentar la vida.
¿Criamos niños capaces de resolver o que necesitan que alguien resuelva por ellos?
La autonomía se construye desde pequeños, a través de responsabilidades, límites, consecuencias y capacidad de tolerar la incomodidad que implica aprender.
Existe una conexión que pasamos por alto:
Antes de aprender a resolver un problema, el niño necesita aprender a manejar lo que siente frente a ese problema.
El niño que no ha aprendido a tolerar la frustración difícilmente podrá enfrentar un “no”, asumir consecuencias, persistir cuando algo no sale bien. Si cada vez que aparece el enojo, el miedo, la frustración un adulto interviene, el mensaje es: “No eres capaz de manejar esto solo”. En 15 años, nadie le va a preguntar cuánto sacó en un examen, sino si sabe resolver problemas, liderar personas…
La inteligencia emocional es el superpoder
Que ayuda a nuestros hijos a reconocer lo que sienten, lo que sienten los demás y aprender a manejar emociones para enfrentar desafíos. No existen emociones “buenas” o “malas”, ni una única manera correcta de gestionarlas: cada niño desarrolla herramientas emocionales diferentes que pueden convertirse en su propio superpoder.
La educación emocional no significa evitarles las emociones difíciles. Significa enseñarles a reconocerlas, expresarlas, y actuar a pesar de ellas. Nuestro trabajo no es construirles una vida sin obstáculos. Es darles las herramientas para atravesarlos.
Implica que debemos aprender a tolerar la incomodidad de ver a nuestros hijos equivocarse. Nos va a doler verlos frustrados. Vamos a querer intervenir. Ahorrarles el fracaso. Equivocarse, y volver a intentarlo son experiencias fundamentales para desarrollar carácter.
El verdadero éxito de la crianza no es que nuestros hijos nos necesiten para resolverlo todo. Es que llegue el día en que lo hagan por sí mismos.
(*) Victoria Rosano es educadora en liderazgo, empresaria y fundadora de Elevia Academy.

