El maestro del cuento latinoamericano
Horacio Quiroga Forteza (Uruguay, 31 de diciembre de 1878-Buenos Aires, 19 de febrero de 1937) fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Se le considera un maestro del llamado cuento latinoamericano.
Sus relatos retratan a la naturaleza con rasgos temibles y horrorosos, como enemiga de las circunstancias del ser humano.
Entre sus piezas sobresalientes se encuentran ‘Cuentos de la selva’, ‘La gallina degollada’, ‘El almohadón de plumas’, ‘Las medias de los flamencos’, ‘La abeja haragana’, ‘Hombre muerto’, ‘El potro salvaje’, y ‘La gama ciega’. Se considera que ‘Cuentos de la selva’ es su obra más leída.
A continuación ofrecemos algunas de sus frases más significativas:
“Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón”.
“No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo quien nos hace tan fuertes”.
“Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia”.
“Culpar a los otros […] es patrimonio específico de los corazones inferiores”.
“No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas”.
“No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino”.
“Nada hay más bello y que fortalezca más en la vida, que un puro recuerdo”.
“Su luna de miel fue un largo escalofrío”.
“Y cuando no tenga más delirio… ¿me querrás todavía?
“Usted sabe qué terrible fuerza de atracción tiene el suicidio, cuando la idea fija se ha enredado en una madeja de nervios enfermos”.
“No puedo más. La quiero como un loco, y no sé, lo que es más amargo aún, si ella me quiere realmente o no”.
“¡Si pudiera verla algún día, decirle de qué modo la he querido, cuánto la quiero ahora, adorada del alma!”.
“Con angustia cardíaca que no permitía concluir la respiración”.
“El tren partió. Inmóvil, Nébel siguió con la vista la ventanilla que se perdía. Pero Lidia no se asomó”.
“Cuando una cosa va a morir, aparece antes”.
“Era, sobre todo, una belleza para hombres, sin ser en lo más mínimo provocativa; y esto es precisamente lo que no entenderán nunca las mujeres”.
“Pero sus ojos, así, llenaban aquel semblante en flor con la luz de su belleza”.
“Se miraron fijamente, insistentemente, aislados del mundo en aquella recta paralela de alma a alma que los mantenía inmóviles”.


